6.1.06

Carta de ultratumba


"Dile a todos que les veré en el otro mundo, JR". JR era Martin Toler júnior, uno de los 12 mineros que murieron esta semana atrapados en la mina Sago, después de una explosión de gas. Se les acabó el aire. Mientras consumían el que les quedaba, Martin encontró un formulario de seguros y un lápiz y le dejó un mensaje a su familia. Probablemente a ciegas. Sin luz o sin oxígeno. Aunque alcanzó a despedirse con un "I love you".

Alcanzó incluso a encontrar un hueco en el lateral derecho para escribir ya desde el otro lado: "No lo pasé mal. Sólo me quedé dormido".

Escribir contra la muerte, a los ojos de la muerte, asumiendo que ya no hay remedio. Escribir casi al dictado de la muerte. Con los últimos resquicios de luz, o de razón, empleados en esas palabras para otros. Todo lo que a Martin le quedaba invertido en esas veinte palabras y un garabato, el trazo indescifrable que se ve sobre el "I love you".

Y lo que no dice, que es lo que sustenta lo que ha elegido escribir. Con la muerte tapándole la boca, Martin elige consolar a los que se quedan. Por si pudieran llegar a saber cómo pasó esas horas mientras apuraba el oxígeno. Elige el consuelo desde su posición inconsolable. Quizá la muerte no le tapaba la boca, sino que le había metido todo el puño ya.

En pedazos de papel como este formulario de seguros aparece poderosa la literatura, la de quien busca un lápiz cuando ya está todo perdido, para demostrar que, a pesar de todo: del puño, de la oscuridad y del gas que se come el aire, no está solo. Porque el que escribe crea su compañía. Quizá le baste incluso con recitárselo en silencio.

balazos: Desde un maletero
balazos: La nota

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