5.5.06

Pat Pong


Camisetas de futbolistas, bolsos grandes, bolsos minúsculos, cinturones, carteras, relojes, otras camisetas que no son de equipos de fútbol, gemelos, bolígrafos, encendedores, pantalones, gafas de sol, videojuegos, series de televisión, películas: copias, imitaciones. Todo esto se ve, mientras se camina la calle, Pat Pong, como si se atravesara una masa espesa, un montón de aire estancado, húmedo, caliente y oloroso, mezcla de curry, incienso y qué sé yo.

Por suerte es de noche, y se ahorra uno la picadura del sol, sustituido por miles de fluorescentes. Y en medio de esa vaharada de olores, calor y lluvia suspendida en el aire, agarra uno un bolígrafo Montblanc de una caja, delicado, elegante, y podría incluso escribir un verso para comprobar que escribe como si no fuera ¿falso? Podría luego dejar el bolígrafo o llevárselo por cuatro euros (menos, si tiene paciencia, cintura y un punto de actor), echar a andar de nuevo entre los tenderetes y los escaparates, seguir recitando incluso el verso en silencio, mientras se van acercando tipos con una hojita plastificada con la que ofrecen su local con ping pong show y todo lo demás de la lista. Todo barato. Como los bolígrafos y los relojes. Como las camisetas de Zidane, las de Henry y Ronaldinho. Todo imitación. Todo ¿falso? Aunque se demuestra que un bolígrafo falso es capaz de escribir el mismo verso, aunque se le ponga a prueba en medio de aquel mercado inmenso de Bangkok. Y algo más podrían demostrar todas aquellas exquisiteces 100 veces por debajo de su precio. Esconden mucha verdad las falsificaciones. Aquel callejón, con sus bares de acróbatas y sus relojes Cartier, componía un extraordinario reflejo del deseo, pieza a pieza, como si tuviera el asfalto repleto de pequeños charcos.

Allí los relojes son Rolex, Omega o Franck Muller, pero no hay quien encuentre un Viceroy. Resulta casi tan imposible como encontrar una camiseta de Míchel Salgado o unas zapatillas Kelme. Sólo se cuelgan en aquellos tenderetes los deseos masivos, con su punto de inalcanzable. Las chicas de los callejones y las gafas de sol, las carteras de piel y los gemelos de plata, todos falsificados, son pedazos ¿reales? de lo inalcanzable. Todos los charcos.

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