16.6.06

Ilusiones

Una cadena de asombros. El puntito rojo temblándole sobre la espalda parecía definitivo. El caco se descolgaba desde un conducto de ventilación y abajo le esperaban los geos con sus rifles, sus cascos, sus escudos, sus uniformes negros. Ya tenían, además, arrodillados a otros dos tipos que también habían pasado la noche agazapados en el túnel del techo. Según la policía, esperaban allí al director del banco para comenzar el atraco. El puntito rojo parecía definitivo, pero el juez soltó a los cinco detenidos.

No lo creerán, pero muy pocos minutos después de la perplejidad producida por la asociación del puntito rojo con el fiscal diciendo que no tenía pruebas suficientes, muy poco después, me encuentro un periódico: “Kate Moss no será acusada por consumo de drogas”. El asombro del puntito rojo transformado en el sobresalto de la raya blanca. Alguien grabó en vídeo a Kate Moss y a su novio Pete Doherty (ya ex) metiéndose cocaína a la puerta de un estudio de grabación. Sigo leyendo: “Tras una revisión detallada y exhaustiva de todas las pruebas disponibles, CPS [la Fiscalía de la Corona] ha decidido que no hay suficientes pruebas sobre una perspectiva realista de condena contra la modelo Kate Moss”. Dicen que necesitaban certezas de que lo que se colaban por las narices era lo que parecía ser. Como el otro fiscal parecía necesitarlas de que los tipos que pasaron la noche en el hueco del aire acondicionado no estaban intentando arreglarlo, y que las pistolas que llevaban no estaban destinadas a pelear contra las ratas del falso techo. El ganado que debe de estar corriendo por encima de nuestras cabezas, pensé, y levanté la mía hacia el televisor, donde –no lo van a creer– un tipo explicaba que, en algunos casos especialmente complejos, la policía recurría a la ayuda de videntes.

Imprescindibles, parece, ahora que se ha establecido judicialmente la falsedad del vídeo. Aunque a mí, a pesar de la irresponsabilidad que sé que supone, el asunto del puntito rojo y la raya blanca me inquietan ahora menos que esa ilusión colectiva de las camisetas rojas que nos colocaron el miércoles en la tele. La del 4-0, sí.

Ampliación: El fiscal de los cacos rectificó y pidió que la policía volviera a pillarlos. Tres de ellos, confiados en el desprestigio ontológico del puntito rojo y la raya blanca, ni siquiera se escondieron y han vuelto a la trena, donde se supone que podrán ver el próximo partido de España por la tele. Esta detención nos abre, creo, alguna esperanza en el Mundial.

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