18.7.06

Los charcos de julio

Mujer, 55. Kilos, algunos más. Gafas, pelo corto. Creo que un café, sola en una de las mesas de la terraza, sola también en la terraza, al calor de la tarde, más cuidadoso. No podría encontrar, en el mundo entero, lugar más alejado de su vida que aquel rincón del Pilar de la Mola, colocado sobre la única elevación de la isla de Formentera, poco más de 150 metros sobre el Mediterráneo. Una distancia infinita sentía yo, por ejemplo, cuando pasaba a su lado. Sobre la mesa, plegado The New York Times, en un ejercicio de papiroflexia del que sólo son capaces alemanes y americanos. Desde un rincón alejadísimo de su existencia, exploraba otro: el titular de lo que leía llevaba las palabras "futuro" e "India".

Supongo que si entre pliegues y despliegues de papel no le acabó apareciendo una pajarita sobre la mesa, seguiría leyendo, y supongo también que terminaría esquivando las páginas domésticas del diario. Una vez encontrado el lugar del mundo más distante de la propia vida, no es cuestión de dejarse alcanzar de nuevo. Creo que por eso estos días (ya en Madrid, pero sin ir a la redacción) ando leyendo por Internet como quien camina esquivando charcos: con cuidado para que no me salpiquen los diarios y me arrastren definitivamente de vuelta. Con lo bien que estoy todavía en la terraza.

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