10.11.06

Cormac McCarthy

Recuerdo el primer deslumbramiento con Cormac McCarthy, que no se quedó sólo en el fogonazo, sino que provocó también una especie de caída a un pozo. Me pasé unas navidades atrapado en ese hoyo en el que se transformó En la frontera, en esa delicia de horas sin dormir de los libros que uno busca luego toda la vida. Recuerdo también que entonces nada sabía de que el tipo vivía en una caravana en el sur, medio escondido, huyendo de la promoción. Pero para mí era igualmente un fantasma.

Se trataba de un personaje tan irreal que durante el tiempo que pasé atrapado en aquel libro ni siquiera pensé que existiera. Era un cuerpo a cuerpo puro entre el libro y yo, ignorante de la caravana. En cierto modo, toda su parafernalia de ocultamiento había resultado perfecta: había desaparecido detrás de sus propias palabras. A ratos, tenía que dejar de leer: aquello estaba construido de forma tan parecida a lo que yo habría querido hacer que en algunos momentos prefería apartarlo. Pero seguía dentro del pozo, y lo retomaba poco después. Se comprenderá la alegría de ayer, al encontrar en El País una pieza titulada La cima de Cormack McCarthy (con errata y todo, sí). Se ve que The Road, su última novela supera incluso todo lo anterior. Y sigo leyendo hasta que me estrello. Se mencionan una crítica que William Kennedy hizo en The New York Times Book Review: “No solamente elogiaba sin tasa la magnificencia literaria de The Road, sino que señalaba que esta vez McCarthy había abandonado las complejidades sintácticas que generalmente hacen tan difícil su lectura para escribir una prosa ritmada, de frases breves, nada abstrusas”. Nunca pensé que una disputa sintáctica pudiera ocuparme un solo segundo, pero aquí estoy: incapaz de recordar las dificultades esas, ni las frases abstrusas.

Mi McCarthy avanzaba armado de una colección de golpes limpios y demoledores. Hachazos. Pero este párrafo, la sintaxis… Mi McCarthy era un fantasma. Corrí a la estantería, a recitar de nuevo En la frontera. Hasta el anochecer si fuera necesario. Pero ha desaparecido.

Ampliación: Hace 14 años, le concendió a The New York Times la última entrevista.