20.12.06

Anotaciones israelíes (7)

El muro de las lamentaciones no es realmente el muro de las lamentaciones, aunque bien podría serlo teniendo en cuenta todo lo que resume esa construcción. Constituye una metáfora en piedra de muchos de los choques de la zona. Los judíos van allí a rezar, pero lo hacen como una especie de frustración. Es el lugar más cercano al punto donde se levantaba el altar del templo de Salomón en el que pueden hacerlo. Hay quien dice incluso que esas piedras son parte del muro occidental del segundo templo, reconstruido sobre las ruinas del de Salomón.

Pero ese segundo templo también fue destruido en el año 70, y unos años después, entre el 132 y el 135 a los judíos se les prohibió vivir en Jerusalén. Donde se había levantado aquel primer templo del judaísmo, quedó una gran explanada artificial. Siglos después, con el control judío neutralizado sobre esos metros cuadrados de historia sagrada, los musulmanes se dieron cuenta de que Mahoma había elegido precisamente aquel punto central del templo para subir al cielo montado en su yegua alada, Burak. Obviamente, decidieron levantar una mezquita sobre aquel espacio, la mezquita de la roca, la de la cúpula dorada.

Desde el helicóptero pudimos apreciar el tamaño de la explanada y el apelotonamiento de la ciudad vieja de Jerusalén, cuyo barrio musulmán se construyó apoyado sobre ese muro occidental adonde acuden a rezar los judíos. Aunque el tramo que ha quedado al descubierto es sólo una parte de los 500 metros que tiene la pared. Pero allí no se da un centímetro por perdido, y han terminando excavando un túnel que discurre bajo el barrio árabe y recorre todo el muro.

No es el muro de las lamentaciones, pero bien podría serlo, porque uno baja allí y ve a los judíos agitando las cabezas contra la pared, y bien parece que intentan echarla abajo para poder llegar al lugar del templo. Pero lo tienen prohibido: no pueden pasar en lo que los musulmanes llaman la explanada de las mezquitas (ya hay tres allí) y para lo que los judíos conservan el nombre de monte del templo. A ciertas horas, los turistas no judíos sí que pueden entrar, pero hay una especie de cuerpo de seguridad que vigila que no rece allí nadie que no sea musulmán. Desconozco los métodos de detección que usan.

Y así pasa el tiempo. Los judíos se ponen tan cerca del lugar del templo como pueden, mientras los musulmanes refinan sus controles para cercarlo. Porque los rabinos dicen que todavía se construirá en aquel pedazo de tierra un tercer templo. En algunas calles se puede comprar incluso la maqueta, vendida con este apremiante lema: "Compre ahora la maqueta del tercer tiempo; antes de que se construya y se disparen los precios".

[Israel 2006]

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