1.12.06

La impaciencia del doble

Llegados a este punto, con medio parlamento mexicano vigilando días y noches una tribuna como si fuera la última llama de la Tierra, hay que mirar a China para encontrar una guía. Para justificarlo, baste con decir que allí empiezan a tomarse como malas copias algunos productos electrónicos auténticos. El mundo de la falsificación se ha vuelto allí completamente del revés. China produce la mayor cantidad de copias del mundo, pero en otro plan.

Pongamos un rolex, que es por lo que empieza cualquier novato, incluso los faltos de aspiraciones. La fábrica que monta los relojes falsos, las copias, lo hace lo mejor que puede, pero lo que nunca se les ha visto hacer es montarse en un avión para ir a destrozar los talleres de los relojeros de Ginebra. El falsificador serio sabe perfectamente que el original le resulta absolutamente imprescindible. Entre otras cosas, le permite ir subiendo el precio de las copias a medida que van siendo mejores. En los mercadillos de Asia, se aprende rápidamente que no todas las falsificaciones son iguales: existen clases, y nadie las discute. Con el tiempo, el falsificador realmente ambicioso se da cuenta de que puede adelantar a su modelo real, como ha sucedido en China: la gente rechazaba algunos modelos nuevos de teléfonos móviles porque le parecían copias malas de las falsificaciones que llevaban semanas usando. Ahí se da la vuelta el mundo, cuando la marca piensa que tiene que empezar a copiar al falsificador. De hecho, algunas les han llegado a pedir que fabriquen sus productos, porque lo hacen mejor. Pero no. Ya está todo perdido. Ganan mucho más fingiendo que copian, aunque ya no exista el original.

Tengo la impresión de que quienes defienden a López Obrador, el que perdió las elecciones, serían un absoluto fracaso en la industria del rolex barato. Aunque empezaron bien: lo sacaron a la venta en una plaza, que es más o menos lo que se hace en Bangkok, donde los relojes se compran mientras se esquivan las putas. Pero les ha entrado la prisa, y en lugar de esperar a conseguir provocar la duda sobre el rolex real han agarrado las mazas para reventar escaparates.

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