9.1.07

Diarios

En el último número que me ha llegado del New Yorker, Julian Barnes cuenta algo que hacían sus abuelos de vez en cuando. Cada uno escribía su diario, y algunas tardes se sentaban y se leían lo que habían escrito cinco años antes. Por lo visto, la escena se desarrollaba siempre de manera muy parecida. El abuelo leía: "Viernes. Buen día. Trabajé en el jardín. Planté patatas". "Tonterías", replicaba la abuela, y leía lo suyo: "Llovió todo el día. Demasiado húmedo para trabajar en el jardín".

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