23.3.07

La basura y la cerveza

Para encontrar quien gestione los desechos de una vida, nada como clavar el codo en la barra de un bar. Esto, aparte de su existencia como metáfora en sí, se puede tomar perfectamente al pie de la letra. Lo sabe Benedetti, que en Mucho gusto, colocó a Kafka frente a una cerveza, y allí mismo le contaba a un tipo que le había dado sus manuscritos a Max Brod, para que los quemara. Pero hay más.

Fuera de la literatura, también lo sabe, por ejemplo, el electricista inglés Marc Robertson, que se encontró en un pub de Londres con Francis Bacon en pleno ataque de furia. También bebieron cerveza. A Bacon, unos obreros le habían pisoteado unos cuantos cuadros y otros objetos. Lo habían echado todo a perder y quería tirarlo todo. Pero Robertson, que quizá no había oído hablar de Max Brod, pero que no tenía mala vista, le pidió que le permitiera quedarse con aquello que estaba a un paso del basurero. “Es todo tuyo, quédate con lo que quieras”, le dijo Bacon. Y Robertson, con un extraordinario sentido de la coherencia, agarró tres bolsas de basura y las llenó hasta arriba: retratos, fotografías, páginas de diarios personales, cartas, tarjetas, telegramas… No está confirmado, pero es posible, incluso, que también echara al petate las cajas vacías de los cereales y algún cepillo de dientes desvencijado. Metió las bolsas negras en el coche, se fue a casa y descargó en el ático los cachivaches que Bacon había colocado al mismo nivel que los envoltorios de chocolatina. Eso sucedió hace unos 20 años. Hace unas semanas, Robertson sacó aquella basura fermentada y la llevó a una casa de subastas, y ya no es basura fermentada, sino una oportunidad que, según se ha escrito, “fascinará a los estudiosos de su obra”.

Se entiende que de la de Bacon, pero a estas alturas habría que considerar también la obra del electricista Robertson. Porque el arte destrozado bajo los pisotones de los obreros se ha transformado en 45 lotes que se subastan el 24 de abril, con precios de salida de entre 2.200 y 3.700 euros. Aunque lo realmente valioso serían aquellos vasos de pinta que comenzaron todo. O los que nos han dejado leer El proceso.

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