19.3.07

La Biblioteca de Nueva York

¿La biblioteca no tiene que fomentar un trabajo intelectual personal, privado y silencioso?
No tan absolutamente privado... El momento en que empezamos a leer un libro es extraordinario, un momento de paz que nos extrae del mundo; pero fíjese en el aspecto físico, en el movimiento de los ojos del lector, y verá que constantemente está regresando al mundo. Su mirada se fija en el texto, luego levanta la vista; lee, levanta la vista... Así que la lectura es una experiencia que puede oscilar entre lo privado y lo público, ser estimulada en la arena pública, para regresar enriquecida a la esfera privada. Yo trabajo [con conferencias y otros actos] para que 500, o 700 personas, a veces más, otras veces menos, compartan algo de qué hablar como en una conversación entre amigos, en un lugar seguro. ¿Y cuántos lugares hay en el mundo en el que se pueden intercambiar ideas?

(El País entrevista a Paul Holdengräber, director del Programa de Educación Pública de la Biblioteca Pública de Nueva York)

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