3.8.07

Café

Mientras se duda todavía si un verso puede cambiar el mundo, los de Yale demuestran que basta con una taza de café. Cuentan que experimentaron con un grupo de universitarios. Les provocaban un tropezón con un tipo que llevaba libros, papeles, archivadores, y una taza de café (a veces helado, a veces caliente), y que después del tropezón el tipo les pedía ayuda para sujetar la taza. Ésa era la primera fase.

Después les daban a leer a todos sobre un personaje ficticio. Los que habían sostenido el café helado encontraban al personaje más egoísta, menos sociable, más frío que esos otros que habían tenido la taza caliente entre las manos.

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