26.8.07

La revolución de la chincheta

También hubo una Guerra Fría que amenazaba al enemigo con chinchetas. A principios de los 80, con Reagan en la Casa Blanca, la CIA seguía dándole vueltas a la idea de hacer caer gobiernos desde dentro. A veces con dinero, a veces con ideas. Sobre Nicaragua, por ejemplo, llegó a la conclusión de que podía bastar una colección de gamberradas "para atarle las manos a la tiranía marxista".

Así que juntaron todas esas pequeñas cosas y las metieron en un folleto de instrucciones sobre cómo "participar en la batalla final contra la camarilla usurpadora de la auténtica revolución sandinista, por la que el pueblo de Nicaragua entero luchó y derramó su sangre durante tantos años".

La publicación, antes de empezar a sugerir travesuras (como llegar tarde al trabajo o dejar las luces encendidas), y quizá intentando resguardarse de la mofa, explica lo siguiente: "Se pensará que la lucha armada de hoy exige pertrechos y recursos económicos únicamente al alcance de los estados o las pandillas terroristas armadas y pagadas por Moscú. Pero hay toda una infreestructura económica esencial para que cualquier gobierno pueda funcionar que sí resulta fácil de trastornar y de paralizar incluso".

Según el folleto, la revolución les cabía a los nicaragüenses en la despensa de la cocina. Las tácticas de la CIA podían acometerse con "tijeras, botellas vacías, destornilladores, fósforos...". Bastaba con dejar los grifos abiertos, abrir las cercas del ganado del Gobierno, diseminar rumores, hacer falsas reservas de hotel, cortar cables de teléfono, atascar desagües o sabotear las cosechas del Estado llenándolas flores.

Esos nuevos campos revolucionarios, efectivamente, rozaban ya la poesía. Una poesía nueva para Nicaragua traída desde la Casa Blanca: sin libros (la CIA recomendaba romperlos), y sin escritores (el folleto animaba a destrozar contra el suelo las máquinas de escribir, elevando, quizá involuntariamente, la burocracia a literatura). Pero, claro, para alcanzar eso, antes tenían que tumbar al Gobierno. Por la poesía.

El folleto completo de la CIA.

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