29.1.08

La nariz y la irrealidad

Esa nariz aplastada contra el cristal de la oficina bancaria venezolana. Quizá la única señal de que lo que se está mirando no es una viñeta de cómic, de que también es posible que el cartel y la mujer no estén gritando auxilio al mismo tiempo. O de que nos encontremos ante una mujer muda.

Durante toda la tarde he tenido la impresión de que sólo esa nariz sostenía la situación, que impedía que se disolviera en sí misma de puro absurdo: un atraco cuyo botín termina siendo un secuestro de 30 horas, unos secuestradores avisados que impiden la entrada del clásico repartidor de pizza y prefieren un médico y un cura, un gobierno que negocia con los secuestradores sorprendidos de serlo y les deja marchar en ambulancia con algunos rehenes, cinco personas que se ofrecen a ir con ellos.

Entre la marabunta emerge la nariz. Apuntala. Menos mal. Quizá el único resquicio que todavía le quedaba al asunto por recorrer para que lo que dice Luis Carlos Díaz termine de ser cierto: "En este país tenemos un banco con 30 rehenes secuestrados desde ayer y la vida sigue como si eso fuese un programa de TV". Una nariz que intenta perforar un túnel de la irrealidad a este otro lado (sea lo que sea este lado). Eso no sucede en la tele, inconsciente de que hay otro lado.