4.6.08

El cisne y las albóndigas

Un sutil ejercicio de escapismo. Sacaba hoy El País comiendo sepia con albóndigas a un hombre con la rara condición de haber pasado ya a la historia hace años. Completa su extrañeza el tipo sabiendo exactamente cómo ha quedado en los libros. José Salgar, 87 años, fue hace más de medio siglo, en El Espectador, el primer maestro periodístico de Gabriel García Márquez.

Tienen hasta un cuento con eso que todo el mundo recuerda en cuanto oye decir Salgar: el del cuello retorcido del cisne. Hasta García Márquez llegó a relatarlo en una columna en ese mismo periódico en 1984: "Cuando ingresé a la redacción de El Espectador -en 1953- José Salgar fue el jefe de redacción desalmado que me ordenó como regla de oro del periodismo: 'Tuérzale el cuello al cisne'. Para un novato de provincia que estaba dispuesto a hacerse matar por la literatura, aquella orden era poco menos que un insulto. Pero tal vez el mérito mayor de José Salgar ha sido el de saber dar órdenes sin dolor, porque no las da con cara de jefe sino de subalterno. No sé si le hice caso o no, pero en vez de sentirme ofendido le agradecí el consejo y desde entonces -hasta el sol de hoy-, nos hicimos cómplices".

Y desde bastante antes de entonces, José Salgar se vio transferido a la habitación trasera conocida como historia, archivado en el cajón del tipo que permitió que García Márquez brillara en el periodismo: le convenció de que, ahogado el cisne, quedaba, mucho más potente, la realidad con sus detalles. Y el cuento dice que el escritor se aferró siempre a aquello en sus piezas de periódico.

Pero el día de la entrevista que da hoy El País, poco antes de la sepia con albóndigas, Salgar introdujo un detalle que no figuraba en la versión canónica del cuento: “Gabo estaba resuelto a brillar en el periodismo. Yo le insistía en que había que torcerle el cuello al cisne, pero él terminó inyectándole cisne a algunas historias, como el Relato de un náufrago”.

Esto se lo dijo a la periodista "en tono de confesión", acercándose a ella. La maniobra del escapista harto de permanecer encerrado al otro lado.