27.9.02

El 0-4

Si el fútbol fuera perfecto, dentro de unos días el Dépor le ganaría 0-4 al Milán. Si fuera perfecto, cada alegría produciría instantáneamente una pena al otro lado del espejo. Y al revés: cada tristeza encajaría exactamente en el hueco de otra alegría de igual intensidad. Si el fútbol fuera perfecto, el miércoles de la semana pasada, en un salón de Múnich estaría un tipo tirando contra la pared latas de cerveza a medio terminar, mientras otro en Coruña bebería las suyas sin darle la menor importancia. No sólo eso. Encontraríamos un muniqués ahogándose con una bufanda por cada coruñés que hiciera el helicóptero con la suya después del 2-3.

Si el fútbol fuera perfecto, se guardarían rencores para saldar luego, porque al final de la temporada la suma de alegrías y tristezas debería ser cero. Del mismo modo que la materia y la energía aparecen y desaparecen, y de alguna forma termina en el tubo de ensayo lo mismo que metimos al principio. Si esto funcionara así, el martes en Milán hubo un italiano -que se parecía mucho al coruñés- brindado por el 0-4, mientras en el salón de Coruña los niños andaban escondidos bajo los sillones. Luego sucedería que dentro de unas semanas el Dépor ganaría 0-4 en Milán y que el Bayern de Múnich se llevaría un 2-3 de Coruña. Y todos tan contentos. En Coruña brindarían mientras unos niños italianos se esconden de la furia de su padre por el cuarto gol del Dépor, y días después un muniqués bebería cerveza frente a su televisor sin darle ninguna importancia, mientras un coruñés revienta a latazos el tabique de la sala de estar. Pero si el fútbol fuera perfecto y todos lo supieran, ¿qué necesidad habría de desconchar las paredes y provocarles pesadillas a los niños? Ninguna.

Si el fútbol fuera perfecto y todos lo supieran, solamente jugaríamos al mus, donde casi nada cuadra. Pero al fútbol le salva que mientras el coruñés hacía el helicóptero con su bufanda después del tercer gol del Dépor en Múnich, ni se le pasaba por la cabeza que la semana siguiente estaría echando abajo la pared del salón. Y además ahora está convencido de que el Bayern nunca ganará 2-3 en Riazor.