4.7.03

Periodismo

Convendrán conmigo en el profundo poder moralizante de un titular de periódico. De un periódico en sí. Yo puedo decir tranquilamente que Luis habló veinte minutos con Marlow poco antes de que se publicara la columna, y no pasa nada. Pero basta con imaginarse la misma frase con letras bien negras en la portada del diario para que todo cambie. Hagánlo, ya verán: "Luis habló veinte minutos con Marlow poco antes de que se publicara la columna".

Ahí está: la trama al descubierto. Luis no debería haber hablado con Marlow en ese momento. No hay duda. Y si lo hizo, si habló tanto como veinte minutos, fue seguramente movido por algún oscuro interés, contra alguna norma conocida por todos. Porque basta colocar una frase así en un título para que todo sientan como indiscutible la quiebra de esa norma ética. Cómo pudo atreverse Luis a hablar con Marlow en ese momento. ¿No se daba cuenta de que podían descubrirle? ¿No pensó en que saldría todo a la luz? Menudo par. Convendrán conmigo -decía- en el profundo poder moralizante de un titular de periódico. Y también en que precisamente por ese papel de juez moral, en parte, los periódicos son lo que son y venden lo que venden. Por eso parece tan absurdo lo que hacen cuando publican los datos del Estudio General de Medios (EGM) que son los que dicen cuántos lectores tienen ellos y la competencia. Parece tan absurdo que asusta.

Por ejemplo, Expansión, líder entre los diarios económicos, y por tanto especialista en la confección de gráficos. Para explicar los resultados, colocó ayer en su contraportada un gráfico de barras en el que la barra que representa sus 118.000 lectores de la encuesta anterior mide más del doble que la de los 63.000 anteriores de Cinco Días, y la barra de los 28.000 actuales de La Gaceta de los Negocios sólo es en el gráfico una cuarta parte de la de los 61.000 actuales de Cinco Días. Como digo, de tan absurdo asusta, quizá porque uno no es capaz de decidir si ha quedado así porque son demasiado especialistas o por torpes. Pero da la impresión de que, a veces, el juez ético, cuando de venderse se trata, lo hace sin mirarse al espejo.