26.9.03

Espejo

Da tanto miedo mirarse en el espejo. Mirarse y verse, claro. Eso es lo que da miedo. Tanto que hasta indigna. Zapatero y los suyos se dejan un micrófono encendido y se les oye hablar de sus cosas, como si fueran de verdad, como si se sentaran en la barra en lugar de en el Congreso. Del mismo modo que otra vez oímos a Aznar reconocer que era un coñazo y a Trillo lo de los huevos. Del mismo modo que oiremos también a otros. Es lo que tienen los micros. ¿Pero no habría sido peor que hubieran estado hablando de la tomografía por emisión de positrones? Por poner.

¿De verdad nadie se imaginaba lo de Zapatero? Sería igualmente terrible que la sorpresa de los periodistas fuera una sorpresa sincera. ¿A qué han estado jugando entonces todo este tiempo? ¿O es que sólo los miran cuando se colocan para que los miren? ¿Dejan de existir el resto del día? Como vampiros en el espejo: desaparecen. Tal vez por eso sorprende cruzarse a un ministro que acaba de comprar una barra de pan o una ristra de ajos. Debería desintegrarse automáticamente. ¿Tan mal nos lo han contado todo que decimos: "No me lo esperaba". ¿Acaso no sabe todo el mundo que hay al menos una presentadora que ensaya el asombro en el camerino? ¿Y que otro locutor se hincha de arriba abajo y pierde el acento del sur en cuanto ve la luz roja? Y hay pruebas de la existencia de otros muchos casos de éstos en lugares desiertos de micrófonos. Hay incluso vecinos, y compañeros de colegio que los vieron sacarse los mocos en la última fila.

Pero se sigue pensando -contra la evidencia- que esta gente que se sienta tras los micrófonos no es como el resto, que ni siquiera les gusta el fútbol, y acuden obligados a los asientos vip. O quizá sólo se prefiere que Zapatero nunca mencione desconocimiento alguno, ni Aznar demuestre un autoconocimiento tan afinado. Tiene que ser, porque si no, no se explica. Tiene que ser la rabia de dibujarse mentalmente al otro lado del micrófono, en el espejo, y ver al mismo tipo al que se le caen el diario y la revista cuando trata de abrir la cerradura del portal. Y se enfada.