30.1.04

La foto y la pala

Una máquina de fotos puede ser suficiente para acolchar el futuro. Incluso para pasarlo bien arropado, mientras nieva en las memorias de otros. Únicamente requiere saber algo que ya sabe todo el mundo: que los recuerdos son leves para volar y que son blandos, como plastilina, para deformarse sin que nos demos cuenta ni podamos evitarlo. Ahora bien, reconozco que lo de la máquina de fotos no es idea propia. Ni mucho menos.

Hace tiempo viajé con varios amigos a un lugar en el que nos encontramos con algunos otros que habían llegado antes. Unos días de vacaciones. Como todo el mundo. Hicimos también lo que hace todo el mundo. Paseos, cervezas, un par de copas, más paseos. Estuvo bien, muy bien. Como bobos, encontramos un bar que concluimos que reunía la esencia incontrovertible de aquel pueblo, a pesar de que fue casi el único que visitamos, y repetimos allí casi todas las tardes, creyéndonos lugareños viejos. Tiramos fotos muy sonrientes con fondo de baldas combadas. Sólo nos faltó pedir una bajara y jugarnos la cena, o un par de gallinas. Aquellos días pasaron bastante iguales entre sí. Y lo que hicimos todos fue, también, bastante igual. Por si acaso. Después de un par de días, empecé a darme cuenta de que, como en una esquina del viaje, se encendía el flash de una cámara que no apuntaba a nadie, un resplandor solitario como lo que se ve por el hueco de una costura abierta. Una puntada perdida. En un aparte, se tiraban fotos con una cámara que nadie había visto. Coincidía, además, que quien llevaba ese aparato secreto parecía ir al bar con menos entusiasmo, o iba en otro momento, a solas, o se quedaba en el hotel mientras buscábamos un restaurante para cenar y tener así excusa de pedir un vino mejor. Un viaje diferente se deslizaba por el interior del mío.

Entonces no supe ver que quizá no deseaban seguir atrapados en aquel viaje tan igual para todos, y que cavaban, disparo a disparo, un discreto túnel hacia el futuro, para cuando flaqueara la memoria y ya no recordaran el ahogo. Entonces sólo tendrán las fotos de un viaje inventado, mejor, gracias al encuadre que nos dejó fuera.