22.10.04

Aire

Dice Fraga que va a seguir hasta el final en plan Cid Campeador, pronunciando discursos una vez muerto, o buscándose un doble para no tener que irse nunca. Y mientras dice eso y otras muchas cosas deja de escuchar y leer lo que otros discurren. Deja pasar sugerencias tan bellas e inocentes como los titulares de los periódicos de hace un par de semanas: “Fraga se desvanece en el parlamento”. Tan sutil.

De acuerdo ya en que Fraga no puede morirse, sólo queda que de verdad se desvanezca. No que, como aquel día en el parlamento gallego, se desmaye o que sufra un vahído, una debilidad, una tarde tonta, un bajón de tensión. O, como se dijo, las consecuencias de una gastroenteritis mal curada. Seguramente por cabezonería, porque a ese señor no hay quien lo eche para atrás, o quien lo tumbe, o quien lo calle. No lo hay. Lo único que le queda es desvanecerse de verdad, mientras habla, claro, mientras manda, revuelve u ordena. Desvanecerse. Desaparecer. Convertirse en humo poco a poco, o en un polvillo dorado que se lleve una ráfaga tonta de aire acondicionado, o un ventarrón del norte. Lo que sea. Qué más da. Pero no. Mientras los periódicos ponían en sus títulos la sugerencia tenue –Fraga se desvanece–, Fraga se agarraba al atril como el niño a quien van a arrebatarle un juguete, el único o el mejor. Dos subordinados acudieron a intentar desaferrarlo, por si podía, quizá, seguir desvaneciéndose con toda paz. Pero no. Nada. No quiso soltarse hasta que supo que pudo hacerlo para coger carrerilla. Salió de la sala y volvió a entrar para terminar lo que tenía que decir, que en su mundo eterno es como deben ser las cosas. Aguantó agarrado a la tribuna de oradores mientras soplaba la brisa del tiempo que había ido hasta allí para llevárselo de una vez, para descanso mutuo. Suyo y de la brisa del tiempo.

Pero ni siquiera con sutileza se le puede sugerir a don Manuel, ni con palabras tan tenues. Porque no me digan que no creen que hubiera sido bello, muy bello, verlo desaparecer aún en su turno de palabra, con la luz encendida... “Fraga se desvanece en el parlamento”.