23.6.06

Maradona descolocado

Hubo un tiempo en el que Maradona parecía incómodo dentro de su propio cuerpo. Aquellos días en los que caminaba encerrado en un traje hinchable a punto de estallar, con ese paso de balancín que domina Fraga como nadie. Daba la impresión de que se había propuesto tomar aire y no soltarlo hasta que se fuera todo a la mierda. Una muerte por reventón o algo así.

A pesar del traje, del paso bobo y del enorme fastidio, allí dentro, en algún lugar, debía de seguir aquel tipo que chuleó a los ingleses hace 20 años, primero con la mano y luego con el pie. Estaba claro que debía de estar allí, aunque sólo fuera por la cara de infinito fastidio que traía cuando se bamboleaba a la salida de los hospitales. Tan al borde de la explosión. Han pasado unos años, y Maradona no ha reventado. De hecho, ha conseguido desinflarse de golpe, pero de manera controlada, de forma que el cuerpo ha vuelto ha liberarle la garganta y ya puede caminar en línea recta. Debería también habérsele relajado el gesto, pero no sé si han podido verle en las retransmisiones de los partidos de España en el Mundial... No ha mejorado nada. De cuando en cuando la cámara le saca entre los otros dos comentaristas y aparece con la cabeza baja y los ojos cerrados; o con el cuello tirado hacia atrás, hinchando el pecho, como falto de aire. Serio, contrariado, con el agobio del que se cae de sueño. Suele celebrar el primer gol de España. Aprieta los puños y besa la cruz que lleva en la cadena. En los siguientes, creo que se olvida de que le pueden estar mirando y ya sólo se le ve el horror que provoca el lugar equivocado. El primer día me preguntaba qué hacía allí aquel hombre, porque la verdad es que tampoco dice gran cosa cuando se sacude el tedio, la angustia o lo que sea. Pero supongo que lo que sucede es que, tras el fastidio, seguimos viendo al pibe aquel.

Debe de ser algo así como lo que ha empujado a alguien a pagar 25.000 euros por una antigua agenda de teléfonos de Marilyn. No sirve para llamar ya a nadie, pero uno espera encontrar en su interior algún resto del sueño. Lo que pasa es que a la agenda no le puede molestar haberse convertido en lo que es, y a Maradona...

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