28.9.06

Contra la muerte

Dígame, ¿para qué escribe?
Para celebrar los hondos dolores de la vida. Digo "celebrar" porque los dolores son parte de la vida, son vida también.
Serán vida... pero yo no los quiero.
El dolor es inevitable. Pero sufrir... sufrir es una decisión.
¿Ah, sí? ¿Y cómo pudo evitar sufrir?
Acogiendo el dolor como parte de la vida y diciéndote next (siguiente), tira adelante, sin empantanarte ahí. Aprendí esa actitud siendo niño. Y a mi mujer le he dicho: "Quiero preparar a mis hijos para soportarlo todo".
¿Es usted capaz de soportarlo todo?
Sí, estoy seguro. Todo... menos una cosa: la muerte de un ser querido.
Se curtió siendo niño, me decía...
Crecí en las calles de Unidad Modelo, un barrio bravo: las peleas eran allí continuas. A los 13 años ya me habían roto la nariz varias veces, y por eso hoy no tengo olfato...
(...)
¿Cuáles eran sus sueños entonces?
Ser escritor, director de cine y deportista profesional. Cuando se lo dije al profesor, me soltó: "Tú eres un inmaduro".
En vez de animarle.
Y fui futbolista, leñero. Bueno, pero me expulsaban siempre... Y, luego, baloncestista: ahí sí era elegante y preciso. Pero me aburrí de las riñas de los entrenadores... Y decidí entrenarme como boxeador. Pero enfermé.
¿Qué le pasó?
Padecí una inflamación vírica del pericardio, y el médico me dijo que podía morir. Estuve meses en cama. Un día miré mis manos y las vi ya como un cadáver. Y les di una orden: "Acariciaréis la piel que debéis acariciar, romperéis sólo la cara que debáis romper, y escribiréis una obra". Y dejé a la chica con la que iba para ir en busca de Maru..., y dejé de pelear..., y me puse a escribir.
Y hasta hoy, ¿no?
Escribo contra la muerte. Por eso soy perfeccionista: un día seré un cadáver, pero lo que escribo quedará y quiero que sea bueno.
(Guillermo Arriaga, guionista de Amores perros y 21 gramos, entrevistado por Víctor-M. Amela en la Contra, de La Vanguardia. No se puede enlazar. Una pena. Sigo sin entender que no lo permitan, pero así es.)

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