15.9.06

El secuestro del dinosaurio


Aquella otra foto. El chándal, el periódico del día. Lo dijo Lucía Martínez en los comentarios: “A mí me recuerda a las fotos de los secuestrados”, eso dijo. Las discusiones de entonces (también algunas hoy) se mareaban alrededor de si Castro estaba muerto o comiendo yogures con Chávez. Pero, claro, estaba la foto aquella: el tipo, el diario, la habitación. La escenografía de un secuestro.

Pero no me había puesto a mirarla bien hasta hace un par de días, quizá alertado por la repetición. Como todo el mundo sabe, aquellas fotos del chándal no han sido las únicas. De cuando en cuando, aparece un vídeo en el que se le ve con Chávez, por ejemplo, a quien han permitido entrar en el zulo del dinosaurio. Un día le llevó incluso la comida: esos yogures. Otras veces son más fotos. Incluso frases suyas han salido de la celda: aquello de los 18 kilos que le han desaparecido. Pero sigue en la misma habitación, o en una parecida. Si uno recuerda toda la secuencia, se queda con la impresión de que lo tienen metido allí y no van a dejarle ir a ninguna parte. La impresión de que intentan convencer a alguien de que sigue vivo. Aunque no sólo eso: parece que intenten demostrar que se trata del mismo Castro que antes, el del fusil, la guerrera, los discursos y todo eso. Sin embargo, en las últimas fotografías, ésas que han salido para garantizarle a Evo, a Chávez y a Ajmadineyad que todavía lo tienen controlado, en esas fotografías se ha colado un detalle tremendo: tiene sobre la mesa un libro, Cien horas con Fidel, como el niño a quien los padres no le permiten separarse del cuaderno de tareas de Matemáticas. Desde que estoy prácticamente seguro de que Lucía Martínez tiene razón casi en el sentido literal, no puedo dejar de imaginarme a Fidel leyéndose a sí mismo todas las noches, como quien ha olvidado su propia cara y se extraña al verse en el espejo. Reconstrucción por la letra, podríamos decir.

¿Quién le tomará la lección por las noches? ¿Irán para eso sus aliados, guardianes ahora de la ortodoxia? De todas formas, la imagen que sí que no consigo sacarme de la cabeza es la de Fidel descolgándose de su ventana agarrado a las sábanas anudadas.

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