17.12.06

Anotaciones israelíes (5)

"Vivir aquí es una especie de tortura china". Lo dice Edy, que nació hace 40 años en Sderot, y ahí sigue ahora que ya tiene dos hijos, en una ciudad de unos 16.000 habitantes situada a menos de tres kilómetros de la frontera con Gaza. En Israel, esa distancia es importante: permite saber si se está al alcance de un cohete kassam. Muchos de los mapas que se editan allí incluyen sectores que marcan las zonas que pueden alcanzar los kassam o los katiushas.

Edy cuenta lo de la tortura china en el lugar donde ha explotado el último de los cohetes, que había caído la tarde anterior, en el jardín de una casa. Sobre la calle quedaban los surcos de la metralla, que habían dibujado una especie de media estrella que extendía los rayos hacia las casas de enfrente. Los surcos del suelo se detenían a los dos metros, pero la metralla había seguido volando hasta alcanzar dos fachadas y un coche, que había quedado con los cristales reventados y varios boquetes del tamaño de una pelota de tenis en la chapa. Ese día, la metralla no había encontrado a nadie en su camino.

En esa esquina nordeste de Gaza junto a la que está Sderot, Israel ha instalado un puesto militar y dos globos aerostáticos blancos equipados con cámaras de vídeo, que observan el otro lado colgados a unos treinta metros del suelo. Cuando se ve volar un cohete hacia el pueblo, se activan las sirenas de alarma. Desde ese momento, hay unos 20 segundos para alcanzar un refugio. Desde los años 90, es obligatorio que todas las casas y todos los edificios oficiales tengan uno.

En el último año, desde que Israel retiró de Gaza todos sus soldados y se llevó a todos los israelíes que vivían allí (algunos a la fuerza), sobre las calles de Sderot han caído unos 1.000 cohetes kassam, que han matado a siete personas. Dos de ellas, hace dos años, a unos 50 metros de ese último impacto que visitamos con Edy, doblando una esquina. Eran dos niños que jugaban a la puerta de una casa. De cuatro y dos años. Edy oyó la explosión desde su casa, en la manzana de al lado, y llegó cuando uno seguía vivo. Le hizo torniquetes en lo que le quedaba de las piernas. Todavía respiraba cuando llegó la ambulancia. Murió en el hospital.

Esa misma tarde, un par de horas después de que dejáramos Sderot, volvieron a explotar en las calles otros dos kassam.

[Israel 2006]

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