21.12.06

Anotaciones israelíes (y 9)

Muchos lugares de Israel provocan la sensación de que uno se encuentra en otro tiempo. O atrapado en la irrealidad de los periódicos y los informativos: como si de repente fuera a atravesar el aire una ráfaga, o un fundido, que hiciera cambiar el decorado y la historia, y entonces estallaran, por ejemplo, bombas iraquíes.

El aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv es otro de estos desajustes. A las tres y media de la mañana, se mueve como un centro comercial el primer día de las rebajas: cientos de viajeros contestanto decenas de preguntas antes de poder entrar, cafeterías abiertas, bancos abiertos, tiedas abiertas. A los israelíes les encanta el duty free de su aeropuerto. Allí lo mismo puede comprarse un perfume que una lavadora. La mayoría de los israelíes que compran en el Ben Gurión dejan las cosas en el aeropuerto, y se las entregan a la vuelta, con el equipaje. Mejor gastar allí que fuera.

El avión mantiene esas impresiones de vivir dislocado. El capitán anuncia que nos encontramos en un vuelo kosher. Todavía quedan unas cinco horas de Israel. Para que desaparezca el encantamiento, como para volver a conectar los móviles, no basta con aterrizar: tiene que detenerse el aparato, abrirse las puertas. Mientras atravesamos el pasillo hacia Barajas, el hombre que va delante saca de la mochila una gorra de UCLA y se la coloca, cubriéndose la kipá, justo antes de pisar fuera del avión.

[Israel 2006]

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