21.4.07

El vacío fantasma

Parece una bobada, pero el interior del vacío no está vacío. Ni mucho menos. Miren el yate que apareció el miércoles a unas 80 millas de la costa este australiana, el Kaz II. Sin los tres hombres que se suponía que debían estar a bordo. Con el motor encendido, el ordenador conectado y la mesa puesta: con cubiertos y comida. Y ésta es la descripción de aquel vacío que hizo Jon Hall, de los servicios de emergencia: "Era un poco extraño, porque todo parecía normal, pero no había signos de la tripulación".

¿Siguen convencidos de la hipótesis del vacío del vacío? Ahí tenemos a los policías y los tipos de los rescates rascándose el cogote mientras repasan el barco. Se han dado cuenta de que tampoco están los botes salvavidas, pero que sí los chalecos y un aparato al que llaman faro de emergencia. Después de este inventario, dirán seguramente que el Kaz II realmente no estaba vacío, como bien salta a la vista. En ese caso, piensen en que además de los tres hombres que salieron en él desde el puerto de Airlie Beach, faltara también todo lo demás. Imaginen ese otro vacío. ¿Qué? Pero esta vez, en el Kaz II, había además de los chalecos y la mesa puesta, al menos una historia. Los periódicos australianos se han acordado enseguida de otro barco, el Mary Celeste, que apareció en aguas de Portugal en 1872, también sin tripulantes. Nunca aparecieron. Nunca regresaron a llenar el Mary Celeste vacío. Y aun así, si el Mary Celeste realmente navegara vacío no lo recordaríamos. Pero este tipo de huecos están a menudo repletos de rastros. Y de los rastros sí que podemos colgar la memoria, porque los rastros forman el esqueleto de muchas buenas historias, y a ellas sí que resulta posible enganchar los recuerdos, que de otro modo se escurren hasta desaparecer.

Si no, piensen en lo que sucedería con el Kaz II si aparecieran ahora mismo los tres hombres y lo explicaran todo, y todo hubiera sido realmente una bobada. Piensen en qué se vería entonces al mirar dentro del yate, si es que hubiéramos conseguido no olvidarlo. Piensen que los tres hombres estuvieran ahora terminándose los macarrones sobre la mesa. Eso sí está vacío.

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