14.5.07

La vesícula y la pefección

Marilyn murió sin vesícula y esa ausencia (el rastro de esa ausencia, la cicatriz) supone para Manuel Vicent el no va más de la fascinación: "La cicatriz en forma de queloides que divide el vientre de Marilyn, lejos de romper el mito, es todo un homenaje a la humanidad. Entre ese costurón y el lunar por encima del labio está la historia de la mujer más deseada del mundo", escribía ayer en El País Semanal, en una frase que en parte estaba también en la portada del suplemento dominical.

Aunque esas fotos que le hizo Bert Stern para Vogue, las últimas antes de que la encontraran muerta, eran un paso más de lo mismo, que mientras vivió ella consiguió defender (entonces no se publicaron):

–Acabo de operarme de la vesícula hace poco más de un mes. Espero que no se me verá la cicatriz –le dijo Marilyn.
–Descuida. La vamos a ocultar.

He ahí la maravilla para Vicent. En ese camino de desvelamiento progresivo de Marilyn hasta su disolución sobre la cama, se levanta el último secreto: no tiene vesícula, y se ve en ello el colmo del mito. Aunque no se parece ya a un mito, sino a otra cosa, algo que sí existe, no como el mito, tan volátil. En esa cicatriz se esconde el secreto de lo real, la esperanza de que quizá Vicent, o cualquiera, podría haberse cruzado con ella. La clave la daba el otro día Juanjo Seixas hablando sobre unas pinturas de Xiaoze Xie: "Deben de ser bastante perfectas: en ellas se aprecian al detalle todas las imperfecciones".

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