16.7.07

-Yo creo que te comprendo -dijo la Maga, acariciándole el pelo-. Vos buscas algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes. Eso que hablaban la otra noche... Sí, vos sos más bien un Mondrian y yo un Vieira da Silva.
-Ah -dijo Oliviera-. Así que yo soy un Mondrian.
-Sí, Horacio.
-Querés decir un espíritu lleno de rigor.
-Yo digo un Mondrian.
-¿Y no se te ha ocurrido sospechar que detrás de este Mondrian puede empezar una realidad Vieira da Silva?
-Oh, sí -dijo la Maga-. Pero vos hasta ahora o te has salido de la realidad Mondrian. Tenés miedo, querés estar seguro. No sé de qué... Sos como un médico, no como un poeta.
-Dejemos a los poetas -dijo Oliviera-. Y no lo hagas quedar mal a Mondrian con la comparación.
-Mondrian es una maravilla, pero sin aire. Yo me ahogo un poco ahí dentro. Y cuando vos empezás a decir que habría que encontrar la unidad, yo entonces, veo cosas muy hermosas pero muertas, flores disecadas y cosas así.
(Rayuela, 19, Julio Cortázar)

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