11.7.07

Gatear tras el mercurio

Nada más lejos del sentimentalismo que el Parlamento Europeo. Nada más distinto de gatear por la cocina hasta el armario, alargar el brazo, tantear el frío de las baldosas y regresar a la silla con un rasguño alargado en el brazo. Hasta que esta tarde, allí, entre escaño y escaño, se abrió un pasadizo a la memoria de los termómetros rotos. Cuando se rompan todos los que aún quedan en los cajones, no habrá ya otros que puedan romperse después. Los han prohibido.

Por el mercurio. Por esas bolitas que perseguíamos por el suelo, y de las que todos nos hemos acordado esta tarde, en ese instante en que el Parlamento Europeo se ha vuelto del revés y se ha convertido en un pedazo de infancia. Aunque más que el pedazo en sí ha seducido el recuerdo del pedazo. La fascinación de la memoria, del puro recordar con precisión: gatear por la cocina hasta el armario, alargar el brazo, tantear el frío de las baldosas y regresar a la silla con un rasguño alargado en el brazo. Perisguiendo un brillo.

Actualización, 23.34: Y está este maravilloso vídeo que me ha encontrado Alvarhillo:



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