18.10.07

El oficio de Don DeLillo

A medida que DeLillo maduraba como escritor, aumentaba lo que desechaba, y no sólo porque sus libros eran cada vez más largos. Desde el manuscrito de The Names, escrita a principios de los ochenta, empezó a mecanografiar cada párrafo una y otra vez, muchas veces en la misma página, con lo que un mismo párrafo puede aparecer docenas de veces en docenas de páginas de un borrador, mientras lo pulía hasta que le satisfacía. (...) Este proceso otorga a los borradores de DeLillo un ritmo tremendamente pausado, como el de un ciego que tantea para encontrar su camino.
D.T. Max cuenta que hay un lugar en Austin donde se guarda mucho de lo que los escritores han ido dejando atrás para terminar encontrando sus libros. Durante las últimas décadas, el Centro Harry Ransom para la Investigación en Humanidades, de la Universidad de Texas, ha ido comprando por todo el mundo borradores, cartas, fetiches, facturas y contratos de cientos de escritores en lengua inglesa.

Tienen, por ejemplo, 45 cajas con materiales comprados a la última Nobel de Literatura, Doris Lessing. Todo lo que ella guardaba hasta 1999. El resto todavía no se lo ha vendido. Allí también puede encontrarse uno de los diarios que usó Kerouac para escribir En la carretera. 48 biblias Una de las 48 biblias de Gutenberg completas. Un mechón de Byron. Un diario escrito en 1897 por Mallarmé. Papeles de Borges, Julian Barnes, John Fowles. Un sobre con la identidad secreta de Garganta profunda. Y los esfuerzos de DeLillo para atravesarse a sí mismo, a oscuras, hasta alcanzar un párrafo.

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