13.12.07

No poder contar

Vivir para contarlo. El tópico, en cuanto se disloca, se vuelve puñetazo. Vivir y no poder contarlo. Con ese golpe encajado caminan los personajes de los que hablaba Pablo Ordaz este domingo:
-No creo que mi hijo quiera hablar con usted de aquello. Desde entonces lleva encerrado en el silencio. Digo yo que será para protegernos.
Su hijo se llama Iker. Era el dueño de la furgoneta que explotó hasta arriba de explosivos en el aparcamiento de la T-4 hace casi un año. Se la habían robado unos días antes tres etarras que le tuvieron 72 horas secuestrado. En su relato a la policía, Iker dijo que le habían tratado bien.

Después de que le investigaran regresó a su vida. Aunque aquí, desde lejos, da la impresión de que le ha quedado algo así como un recipiente sembrado de agujeros a través de los que silba el silencio.