31.3.08

El Guruland de las especias

Lo peor de las analogías no es el porcentaje de veces que se usan para demostrar ideas falsas. Uno odia definitivamente los símiles cuando le destrozan un recuerdo. Como ése de mí mismo caminando a través del pasillo del bazar de las especias en Estambul. Perfecto hasta que se me cruzó con Guruland.

Donde veía al tipo bajito del bigote y el jersey roja que nos gritó mientras íbamos comiendo pistachos ya no veo sólo al tipo bajito. Hay algo de Guruland apropiándose de la escena.
–Ésos son los peores pistachos.
Un poco antes, habíamos comprado 100 gramos en otra tienda parecida a la suya y a todas las demás. Para matar el hambre de media tarde mientras curioseábamos. Los habían metido en una bolsita de papel como la de todas las demás tiendas.
–¿Cómo que los peores?
–Sí, son basura –dijo mientras salía al pasillo por el que íbamos.
–¿Pero por qué?
–Prueba éste –y nos dio unos que sabían igual que los nuestros– ¿Qué?
–Están bien. Bueno... ¿Pero qué le pasa a los nuestros?
–Ésos los mandaron a Europa y no los quisieron. Los devolvieron. Son cancerígenos.
–¿Cómo sabes que son éstos?
–¿De dónde sois?
–Venimos de Madrid.
–Pues igual que vosotros sabéis de violetas yo sé de pistachos.

Después de haber empezado a ver en todo reflejos de Guruland, tampoco es igual el recuerdo del otro que nos vendió los pistachos. El Al Pacino turco. Eso decían los carteles que tenía colgados por todas partes, junto a fotos suyas con Mike Tyson, con Marta Sánchez. Éste no llamaba a los turistas para que entraran a ver la mercancía. Se pasaba el día al lado de las fotos, de pie, al lado de las fotos, con la mirada de quien no soporta ya más el humo del propio cigarrillo. Pero sin cigarrillo.

Tampoco han quedado igual los puestos instalados fuera del bazar, apoyados en sus paredes. Los mismos pistachos que dentro por algo más de la mitad de dinero. Pero, claro, no cantaban el chiki-chiki.