14.8.08

El refugio del papel


Frédéric Bourdin lleva mirándome así más de una semana, desde que se publicó su historia en la web del New Yorker. Y desde entonces, yo le miraba a él un par de veces al día pensando: "Enseguida me pongo con esto. Bueno, dentro de un rato. Total, lo tengo ahí, puedo verlo en cualquier momento, desde cualquier parte".

Siempre me fascinó la farsa de Bourdin, que a lo lardo de más de una década fingió ser más de una decena de adolescentes en 15 países. Llegó incluso a vivir cuatro meses en Texas como Nicholas Barclay, en la propia familia del chico desaparecido. Como un fantasma regresado.

Quería leerlo, pero me cruzaba día tras día con la foto sin avanzar demasiado. Nunca llegué siquiera al final de la primera pantalla. Hasta que ayer por la tarde me llegó la revista. No me dormí hasta pasar la última página, atrapado en la historia y en la sensación de estar resguardado. El papel (el de los libros también, claro) es ahora todavía más un cobijo donde nada suena, ni salta, ni ataca, ni se entromete. El último protector del tiempo largo y continuo. Un refugio.