18.8.08

Los SMS perdidos de Leila

La fascinación por los envíos erróneos. Uno lee Ciudad de cristal y, después de unas pocas páginas, cada vez que suena el teléfono se siente al borde de caer en una novela de Paul Auster. Imagina que como a Quinn, el protagonista, una voz va a decirle que necesita un detective. Y que va a aceptar. Y que... Pero se pasa enseguida, y entonces cada número equivocado vuelve a ser el mismo fastidio.

Aunque quizá no debería. Una buena colección de SMS despistados, por ejemplo, podría traer la novela completa. Lástima que los móviles dejen ya tan poco espacio para las erratas numéricas.

Por eso envidio el móvil de Leila. Por alguna extraña razón, si tienes un teléfono de Verizon y quieres mandarle un SMS a tu amiga Leila, pero no buscas su nombre en la agenda, sino que lo escribes, pues entonces lo recibe esta Leila y habla con él (con el SMS) en su blog.

Habla y ese hablar es una especie de desentrañamiento de decenas de otras Leilas. Recibe, por ejemplo: "¿Puedes venir después del partido de fútbol? Jesse y Ciara vienen esta semana pero no son majas conmigo. No preguntes. No tengo amigos y necesito que ventas mañana". O le llega: "¿Eres tú?". O lee: "Si tienes una cancelación hoy, ¿puedo ir? Echo de menos verte". O: "Estoy borracho. ¡Te quiero hasta cuando estoy sobrio!". O: "Que te jodan".

Esto no sucede con las llamadas erróneas, que mueren antes de llegar a la historia, ahogadas en tres o cuatro ¿pero no eres Carlos? Ahora para ser Quinn se necesita un resquicio como el de Leila por el que puedan colarse erratas de números.