5.12.08

Yoda y el espejo

El domingo por la tarde vi a un niño de cuatro años atravesar el espejo. Cuando caminaba por la plaza Mayor de la mano de su padre, vio a un tipo disfrazado de Yoda que aguantaba muy quieto encaramado a una caja. Se detuvo y levantó la cabeza para mirar al padre. “Vete a luchar con él”, le animó. El niño miró al Yoda, miró arriba de nuevo, y salió corriendo con un globo blanco anudado en forma de espada. A llegar a dos metros del muñeco, se frenó de repente y se lo quedó mirando. “Lucha con la espada”, gritó el padre. El niño siguió como estaba. Congelado frente a la ficción.

Evidentemente desconozco lo que le pasó por la cabeza al niño durante esos segundos que no se atrevió a blandir la espada contra el muñeco. El Yoda también permaneció quieto: tampoco sé qué le pasó por la cabeza al tipo que estaba dentro del disfraz. Yo, por mi parte, veía claramente un duelo realidad-ficción. Teniendo en cuenta que quien llevaba la espada-globo no había cumplido más de cuatro años, el primer movimiento sería decisivo. Al menos, de qué consideración tenía cada uno de ellos de quien se encontraba colocado al otro lado del espejo. Cuánto de ficción y de realidad quedaba a cada lado. Así que, desconociendo qué pensaban el niño y el muñeco mientras se miraban, merece la pena fijarse en lo siguiente que sucedió. “Dale con la espada”, insistió el padre. El niño miró atrás y movió levemente el globo hacia el Yoda, que a su vez empuñaba una espada de luz, esa especie de fluorescente con mango. El muñeco aguardó hasta que el niño detuvo el ataque tres o cuatro centímetros más tarde. Entonces levantó su arma con igual lentitud hacia el rival, que pegó un grito y echó a correr de vuelta hacia el padre.

También evidentemente, desconozco el motivo del grito, la huida a la carrera y los lagrimones que no se habían detenido todavía cuando abandonamos el campo de batalla de los dos lados del espejo. Imposible saber si por exceso de realidad o por demasiada ficción. Imposible también conocer lo que quedó dentro del muñeco mientras el niño huía de él.