22.4.09

La patita fea



Susan Boyle tiene suerte de ser fea. Y, quizá también, de haberse pasado 47 años sin salir en una cita con tipo alguno, sin haber recibido beso masculino no fraternal. Es sólo muy probable que exista cierta relación directa entre su aspecto y ese casi medio siglo. Pero resulta seguro que su vertiginosa fama la debe sobre todo a su fealdad. Del mismo modo que el patito le debe a su horrible e insólito color tener un cuento propio. Igual.

La importancia decisiva de su fealdad encontrará al instante pensadores a la contra (quizá incluso indignados). Ningún problema. No tienen nada que hacer. Su breve aparición en el programa de televisión británico está grabada. Y están grabadas las risitas nerviosas del público al verla aparecer envuelta en una especie de cortinaje del XVIII. Y también las risitas que siguieron a cuando le contó al jurado su edad y a quién quería parecerse. ¿Qué se podía esperar de algo así, de una vida tan aparentemente homogénea con su aspecto? También los jueces, que seguramente sabrían ya algo, jugaron a eso: “Sin duda, ésta ha sido la mayor sorpresa que he tenido en tres años de programa”, dijo uno. Y la rubia: “Estoy emocionada, porque sabía que todo el mundo estaba contra ti”. Por fea y vieja, le faltó decir. Porque cuando empezó a cantar nada más sabían de ella los de las risitas, que esperaban una voz a juego con los pelos y la papada y se relamían ya pensando en la futura carcajada. Pero cantó bien. Muy bien.

Ese inesperado contraste desencadenó este asombro colectivo que se extiende en Youtube, y que se apoya únicamente en lo fea que es. Miles de chicas cantan como ella, o mejor que ella, y no han conseguido ni conseguirán nada ni siquiera cercano. Por la ausencia de asombro. Seguramente les falta ser lo suficientemente feas, lo suficientemente solas y carentes de besos y arrumacos no fraternales. No parecen ni la mitad de extraordinarias que quien es capaz de producir algo bello a partir de la fealdad. Por eso el patito feo tiene un cuento para él solo, y los vídeos de Susan Boyle son más vistos que los de Obama.