24.3.14

Observé que por primera vez en toda mi vida no me parecía divertido sentirme dentro de la novela de otro; en este caso dentro de un libro de Robert Walser. Si bien era poético pensar que, tal como sucedía en El paseo, se había hecho tarde y todo se estaba volviendo oscuro, en cualquier caso parecía más oportuno que eso lo viviera quien lo había escrito, o sea Walser, y no yo.
(Kassel no invita a la lógica, Enrique Vila-Matas)