19.10.14

La fuga de Francisco Nicolás


Los primeros huidos de la Mafia tampoco encontraron abrazos. No hay deserción sencilla. Ni siquiera los que dejaban el fútbol en el colegio para jugar al ajedrez tuvieron consuelo hasta muchos años más tarde. La misma ausencia de compasión vista con el recientemente célebre Francisco Nicolás, de quien la juez trazó el mejor retrato mientras fingía hacer otra cosa: “Vaya por delante que esta Instructora no acierta a comprender cómo un joven de 20 años, con su mera palabrería puede acceder a las conferencias, lu­ga­res y actos a los que ac­cedió sin alertar desde el inicio de su con­ducta a nadie”, escribe en su auto, y deja así atrapado en un carboncillo judicial a buena parte del batallón conocido como clase política, del que aparentemente Francisco Nicolás planeaba escapar.

Dígase ya: no era más que un político profesional (esculpido con la precisión de un retrato robot) que se hacía pasar por estudiante de Cunef. Quizá con la esperanza de dejar atrás su vida real por otra en la que acudir a las copisterías a imprimir currículums en lugar de informes del CNI. Se ve que le estaba costando conseguir un título con el que adentrase en la acolchada rutina de las entrevistas de trabajo, pero se puede entender. Tardes ahogadas en la banalidad del palco del Bernabéu, gestiones para el Gobierno en un momento crítico (ofreció al abogado de Jordi Pujol una tregua a cambio de un dinero, para no levantar sospechas), abnegación por la corona (se sometió a tres horas de achicharrante espera para que los reyes pudieran fotografiarse con él el día de la coronación). Pero no se tolera el desprecio que se intuye en querer abandonar algo anhelado por otros. Un cargo del PP recordaba el otro día cuánto había deseado su sitio: al llegar a los actos lo encontraba siempre en primera fila, y él tenía que irse a la tercera. Intolerable. Le cortaron las alas con un clásico: “Andaba pidiendo comisiones”.

Un final a la altura de un tipo de raza. Igual que el dado a Pujol. Como tantas cosas, el destino de Francisco Nicolás también estaba ya escrito en El Padrino: “Justo cuando creía que estaba fuera, me vuelven a arrastrar dentro”.