23.8.02

Antologías

Me cuesta mucho la poesía. Me siento como escarbando entre las páginas para ver si encuentro de repente un verso que me estalle en la cara. A veces aparece, pero se me quedan en la cuneta muchos otros que ni siquiera he alcanzado a entender. Un buen montón de versos que no me han sabido a nada. Por eso últimamente compro sobre todo antologías. A poder ser, antologías personales, selecciones del propio autor. Él sabrá qué puede y qué no puede estallar en la cara.

Pero he visto que también necesito escarbar un rato en estas antologías personales. No todos los versos son globos a punto de estallar. De hecho, casi ninguno. Igual que antes. Creo que si nos dieran la oportunidad de diseñar nuestras propias antologías, no encontraríamos dos iguales. A cada uno le estalla el verso que le estalla, dependiendo de las zonas del alma donde tenga colocadas las espinas. Esto seguro que lo sabe el poeta, pero es a quien más debe de inquietarle esta posibilidad de las antologías infinitas y diversas. Lo digo porque a mí me inquieta especialmente que me digan: "Como siempre dices", porque ni siquiera recuerdo haberlo dicho una vez. Para el poeta debe de ser aún más difícil, porque él se ha pasado unas cuantas noches redondeando poemas, ha revisado pruebas de imprenta y ha recitado en algún café casi vacío. Y luego ve que la gente recuerda el verso equivocado. Pero también -ya digo- recuerda la frase equivocada. A veces recuerdan un café que pagamos o una sonrisa que se nos escapó o una zancadilla que les hizo dejarse un diente en el suelo. Sin darnos cuenta.

Yo a veces pienso que no haría algunas cosas si supiera que las voy a recordar dos meses después. O que las voy a olvidar. A veces deseo poder hacer sólo las que van a pasar a mi antología, y dejar el resto correr, sin ni siquiera mirar, sin tener que atravesar caminos que olvidaré o cafés o sonrisas o zancadillas. Pero las antologías son infinitas y diversas y uno nunca sabe quién querrá incluir algo de eso en la suya. Debe de ser por eso por lo que tenemos que escribir también versos insípidos, por si alguno puede ser para otro el globo que le estalle en el alma.