16.5.03

Aquel catalejo

Yo estaba hasta hace un rato escribiéndole una carta a Mariano Rajoy. Aquí mismo: en esta silla, con estas teclas. Porque estos días parece que está de buenas el hombre cuando le llegan cartas. En plan de decir a casi todo que sí lo tenemos. O por lo menos en plan de no decir que no, que para lo mío, que es poco, pues ya llega. Estaba hasta hace un rato escribiéndole esta carta a Mariano Rajoy, porque, sin saber bien cómo, me he encontrado con cuentas que superan ampliamente mis fondos, y querría, sin embargo comprarme un catalejo. Pero no termina de salirme la carta. No le cojo el punto, vaya.

La idea -ya saben- la saqué del fútbol, que es el único lugar del que cualquiera puede sacar algo. Miren a quienes, antes que yo, escribieron al ministro: malabaristas con ceniza de puro en lo alto de la barriga. Hicieron la cuenta, los 1.600 millones de euros, doblaron la nota, la metieron en un sobre y se la hicieron llegar al despacho de don Mariano, que es el único que valora los puros tanto como ellos. Se acabó el problema. Como son previsores, habrán pedido facturas a nombre del ministerio, precaución que ahorra luego mucho trámite, bobo. Pobrecitos funambulistas de palco, que merecen 1.600 millones, porque son la mejor liga del mundo, pero que no los encuentran, no saben quién los tiene, dónde se les habrán distraído. Don Mariano, a quien además de los puros le gusta el fútbol, salió a decir que, bueno, que lo mirarían, que no veía por qué le caía también a él lo del fútbol -bastante tiene ya con el barquito- pero que, bueno, que algo se hará. Porque los del fútbol han dicho que o alguien les da lo que merecen, o el año que viene no hay liga. Sí, así, en plan digno, que ya está bien de que siempre le tomen el pelo a los españolitos, hombre.

Así que yo estaba aquí hasta hace un rato escribiéndole una carta a Mariano Rajoy, porque tampoco me sale la cuenta, y sin embargo se me ha antojado el catalejo este de madera. Estaba con la carta, sí, pero veo que me quedaré sin catalejo, porque de verdad que no termino de encontrarle el punto. En serio.