8.6.03

Ciudades

He estado en algunos sitios, pero de los sitios donde he estado luego sólo me quedan pedazos minúsculos. Jirones rotos. Muchos de ellos son incluso inventados, lo sé. De Amsterdam, por ejemplo, recuerdo un sótano con un ventanuco desde el que se veía a la gente pisar los primeros charcos del otoño. Y también recuerdo el mechón naranaja de una chica que viajó en el mismo tranvía que yo. Pero de esto sólo me acuerdo porque volví a encontrar a la chica -o ella a mí- horas más tarde, bajándose de nuevo de un tranvía en el que me quedé. Recuerdo un bar al final de unas escaleras en una calle de Budapest a la que no he sido capaz de regresar. Y recuerdo dos cervezas, y recuerdo la luz. Recuerdo perfectamente la luz, aunque no sepa decir el recuerdo. Una mesa junto a una venta al final de un corredor elevado en una biblioteca de Nueva York. La noche cayéndose como borrosa sobre el parque en Berlín. De Viena recuerdo una siesta en el césped, una taza blanca y un periódico dos días viejo que leí hasta el final. De Howard Lake, el vapor del baño posado sobre el espejo y una colonia de antes. Un árbol escuálido que aguantaba los empujones del inverno tras un ventana en Pamplona. Y una tarde con nieve dentro de casa. De Roma recuerdo los sacos con cacahuetes de un bar donde comí solo, justo como quería. Y un café y un cruasán, esa misma mañana. Y el cuaderno verde que llevé en la mochila.

Tengo otros muchos recuerdos tontos que se parecen a éstos, y que no le sirven a nadie aunque planee pasar por los mismos lugares. Tampoco sé de que me sirven a mí, pues podría haberlos inventado todos en mi escritorio de casa, aunque conservo el cuaderno verde, que podría ser falso. Podría haber inventado el pedazo de niebla que flotaba sobre las vías de una estación fantasma donde me dejó un transbordo. O que vi dos veces el mechón naranja. Cualquier cosa. Sin embargo, sigo queriendo pasar por sitios de éstos que sólo me dejan luego recuerdos tontos, y que me obligan también a veces -como ahora- a dejar estas líneas un día equivocado. Un domingo, por ejemplo.