21.11.03

Ojo de cerradura

Sólo he visto la casa de Michael Jackson desde el aire, que viene a ser como espiar a través de un agujero de cerradura infinito encaramado a un helicóptero. Aunque al espiar a MJ nunca se ve a MJ. Ni siquiera se ve un jardinero ocupado en un trozo de césped, a pesar de que hay allí césped para cubrir 5.000 estadios de fútbol. Ni un niño que corra tras un balón. Por ese agujero de cerradura del cielo se ve únicamente la soledad, medida por las enormes agujas del reloj que espera a la entrada. Sólo eso.

Parece una cerradura inocente, porque nunca conseguirá burlar ninguna pared, pero todo el mundo sabe que no lo es. Ayer pensaron que pasaba un avión asomándose por encima de la Casa Blanca, y los empleados de seguridad sacaron a todo el mundo del edificio. No sé lo que se ve desde encima de la Casa Blanca. Sólo he visto la Casa Blanca desde el jardín trasero, cuando el presidente baja del helicóptero, que es el único que tiene permitido espiar ese agujero. Como sucede con todas las puertas de cualquier casa, que sólo el dueño puede abrir sin haber llamado antes. Pero parece que es incluso peor mirar sin el dueño dentro. Bush había ido a Londres a ver qué carteles le habían preparado, y MJ grababa en Las Vegas un vídeo para un programa que se terminó cancelando. Y debería estar el dueño guardando las cerraduras. Por si acaso. Aquí tenemos la principal diferencia entre reinar en el pop y presdidir una república. Tapar las miserias de las alcobas está al alcance de cualquiera: bastan un par de matones merodeando por los pasillos. Pero para cegar una cerradura infinita se necesitan al menos un par de vuelos de cazas de combate. Aunque quizá no sea sólo eso.

Cada uno escoge el grosor de las puertas teniendo en cuenta lo que va a poner detrás de ellas. Y las puertas hechas con cazas son más gruesas que las levantadas por matones. Sin embargo, después de haber visto la casa de MJ desde el aire, en la que sólo cambia la posición de las agujas bajo el letrero del país de Nunca Jamás (Neverland), no consigo imaginar qué podría haber visto el piloto del avión que fuera peor que esa tristeza.