18.6.04

En el parque 2

Al final, parece mentira, pero nunca salimos del parque en el que jugábamos con los coches dando miles de vueltas alrededor de un árbol. Nunca. Allí vemos que están los que empujan y los que intentan aguantar o caen rodando sobre la gravilla. Y también, en ocasiones, los que empujan en direcciones opuestas. Eso sucedió hace mucho tiempo, pero mentalmente sigue funcionando como medida del mundo. Sólo cambian los juguetes.

Ni siquiera Richard Clarke, que ocupó cargos muy altos en los equipos de lucha antiterrorista de los gobiernos de Clinton y de los dos Bush. Ahora ha publicado un libro, Contra todos los enemigos, que asegura que ha escrito porque dice que no había “una buena fuente” que explicara lo que pasó exactamente el 11 de septiembre en su país. Me da la impresión de que sigue sin haberla, aunque sólo sea porque sigo sin saber qué fue lo que abrió aquel boquete en una de las fachadas del Pentágono y mató a unas cuantas personas. De hecho, ahora ya casi me preocupa más lo que no sé que no sé, lo que ni siquiera imaginamos que se barrió debajo de la alfombra. A pesar de todo, el libro sirve para poner en su sitio aquella chiquillada de Bush niño, el día que dijo que iba a invadir Irak porque Sadam había intentado matar a su papá. Mientras todos pensábamos únicamente en los pozos de petróleo, Bush niño se acordaba de un atentado que habían preparado años atrás contra Bush papá. En serio, olviden el petróleo, al menos un poco. En el parque donde jugaban Bush niño y Sadam los empujones se dan a cañonazos, porque es lo que tienen a mano, que si tuvieran globos de agua... Ellos tampoco dejan el parque, lo que sucede es que se lo llenan de aparatos que explotan.

El propio Clarke, que parece un tipo listo, dice que empezó a odiar más a Bin Laden el día que le llegó un telegrama de un árabe que le prometía que Osama quería matarle, una especie de notita pasada a hurtadillas en clase, pero en caro. Porque a esas alturas ya nadie tiene lapiceros y hojas de papel cuadriculado. Ni coches de juguete, piedras ni mandilones manchados. Aunque sigan arreglándolo todo a empellones. Como siempre.