13.8.04

Contra el azar

Hay venganzas tan inútiles como hacer un inventario de estrellas desde la terraza de casa, con un bolígrafo y un cuaderno. Y su problema no está tanto en que compartan inutilidad con la elaboración de esa lista como en que no les toque ni un poquito de su belleza, que tapa en parte el lado tonto. A veces en una parte grande.

Eso sí, hasta el más inútil –pongamos el ministro de Interior británico– sabe que lo bello puede ser manto e intenta echárselo por encima, aunque sólo le tape la cara. El otro día, a Iorworth Hoare, de 52 años, le tocaron 10 millones y medio de euros en la lotería primitiva. Siempre molesta, aunque sea de refilón, que le toque a otro. Podía haber sido yo, mira que es fácil. Pero molesta más si el afortunado es un pervertido que lleva 15 años en la cárcel por varios delitos sexuales, que empezó a cometer cuando tenía 20. Y que echó el boleto en uno de sus días de permiso, uno de esos favores que hace la sociedad no pervertida hasta a los peores bichos. Así que al ministro de Interior se le hinchó la cabeza de rabia hasta que le explotó en un artículo publicado en el diario The Sun, en el que promete que Hoare será el último preso que cobre un premio. Se ha librado por los pelos, porque su Gobierno no va a permitir esas injusticias que comete el destino, que debe de ser medio anarquista y también un poco pervertido. El ministro se va a vengar por todos. Los presos pueden seguir jugando a la lotería, a las quinielas o a lo que les dé gana. Faltaría más. Pero no verán ni un penique si les toca. Ni siquiera sus familias cobrarán sus premios. No ha quedado claro cómo distinguirán si ha jugado el preso o su madre, aunque supongo que es mejor así, porque de ese modo también irán a un fondo para las víctimas los millones de libras que ganen madres, padres, hermanos... Ya...

A mí me da la impresión de que si al ministro le importara de verdad darle dinero a las víctimas habría sido mejor que la ley que planea obligue a los presos a ir a medias con ellos. Eso sí habría servido como manto bonito para cubrir la cara de rabia. Pero no veo a Hoare echando boletos de nuevo –por muy pervertido que sea–, si el Gobierno le ha garantizado ya por ley que es imposible que gane. ¿Quién va jugar si no hay juego? Ni un contador de estrellas. Aunque fuera ciego.