11.3.05

Frigorífico

La puerta de un frigorífico en una casa abandonada puede abrir un abismo de angustia. Sólo por unas latas de refresco, que es lo que se ha dicho que había en la nevera de la casa donde se prepararon las bombas del año pasado. No recuerdo quién lo ha contado, en esa carrera hasta el detalle infinito de estos días. No sé quién averiguó que aún había unas cuantas latas en aquella nevera. Y lo contó. La historia de la nevera, un año después.

La angustia no llega por el detalle infinito, por el año después, porque las bestias beban lo mismo que cualquiera y también les gusta fresquito. No. No es eso, sino que luego se supo que los refrescos los había colocado allí una productora de televisión. Habían estado rodando una especie de película sobre los atentados, pero se encontraron el lugar abandonado, y el frigorífico vacío. Y supusieron que también los de las bombas tendrían refrescos en la nevera. Y los pusieron allí. Y luego alguien los vio. Unos cuantos los vieron. En la nevera. Y contaron ese detalle de cómo estaba la casa un año después. Un buen detalle, salvo que no era un detalle cierto, sino una invención. Ni siquiera se puede decir que fuera una recreación. Y ahí se esconde la angustia, en ese frigorífico recreado. Aunque reconozco que es una angustia muy mía, que no tienen por qué compartir. Esa puerta de la nevera me abre una angustia diaria, de mi trabajo como cazador de detalles. Porque yo también habría contado lo de los refrescos un año después. ¿Quién no? Llevaban allí un año. Nadie se había interesado por hacer nada con lo que había en la casa de los asesinos. Era otra cara del olvido encerrada en aquella nevera. Pero era mentira. Aunque parecía verdad.

De ahí la angustia escondida detrás de esa puerta de frigorífico. Porque yo miro, apunto, disparo y cuento. Busco refrescos abandonados, pliegues de olvido, camas a medio hacer, despertadores rotos, actores mudos. Y ahora, después de mirar detrás de esa puerta me pregunto cuántos de ésos habré encontrado y eran ficciones, mentiras, inventos, trampas. Cuántas veces era imposible caminar por el alambre de la verdad, porque estaba roto.