20.5.05

Carretera

Un hombre camina solo por una carretera que bordea la costa. Va vestido con traje y corbata. Va empapado. Como si hubiera llegado a tierra nadando. O como si cualquier otra cosa. Quién sabe. El final de una película parecía. Ahora lo tienen guardado en un hospital inglés que por suerte dispone de una capilla con piano. Y allí se pasa las tardes el pianista mudo mientras fuera se inventan historias que terminen con la escena del tipo dando tumbos por la carretera de la costa. Empapado.

En el mundo hay mucho novelista inédito. Dedicados al pianista mudo, por ejemplo, se pueden contar al menos quinientos, que es el número de llamadas que han recibido las autoridades con pistas “fiables” perfectamente falsas. Son quinientas personas convencidas de que conocen al hombre que en la foto sostiene una carpeta gris llena de partituras. Con las dos manos y mucho miedo en la mirada. O de que lo han visto. O de que saben de dónde viene. Integran ese grupo de novelistas dedicado principalmente al relleno de socavones y al allanamiento de arrugas y recovecos. Circulan por las historias con un cargamento de hormigón. Dispuestos a volcarlo en el mínimo pliegue. Componen una cuadrilla dedicada a deshacer los descuidos del otro gran grupo de novelistas. Éstos son una especie de reverso de los primeros entre los que se puede contar el propio pianista mudo. A su paso van dejando pozos, desconchones, abolladuras. Abren zanjas cada vez que caen. Al principio, por ejemplo, el pianista no era pianista; era sólo un hombre perdido y mojado. Sin embargo, le dieron un pedazo de papel y un lápiz, y no rellenó nada, sino que dibujó un piano y una bandera de Suecia: dos agujeros para la historia, que ya se parece más a un colador que a una película.

Los días pasan y el pianista repite las mismas piezas de Tchaikovsky. Parece que gana la partida. Se hunde en el interior de un agujero inmenso. Flota atrapado en el final de película. Aquella noche no iba hacia ninguna parte por la carretera (no ha intentado escapar). Y, por lo que se ve, tampoco venía de ningún sitio. Nadie lo ha visto nunca. Ni existió ni iba a existir. Como el interior de los agujeros.