27.5.05

Minucias

No sé si saben que Rafa Benítez, el entrenador del Liverpool, antes de ganarle al Milan esta Copa de Europa imposible trabajaba como asesor de un gimnasio bien de Madrid. También entrenaba a uno de los filiales del Real Madrid, pero eso es menos importante. Técnicos de categorías inferiores que hayan jugado finales hay muchos. Pero pocos de ellos habrán tenido que vérselas antes con la angustia de un verano que se echa encima de la evidencia de que la gente a quien se aconseja no entra en sus trajes de baño. Y justo ahí puede esconderse la clave de lo único que no se vio de esta final.

Aquel día, los jugadores entraron al vestuario en el descanso perdiendo 3-0, y sin ninguna posibilidad. Algo sucedió allí. Pero no lo alcanzaron las cámaras. Algo dijo Benítez que obró un cambio inalcanzable para cualquier poema. O quizá lo dijo alguien más. El caso es que cuando salieron marcaron tres goles, y después ganaron la final en la tanda de penaltis. Cuando terminó el partido, después de agarrar la copa y todo eso, Benítez explicó algo de lo que había sucedido durante aquellos 15 minutos en su vestuario. Se encontró delante de unos que ya caminaban por el precipicio de una humillación histórica. Les dijo que tenían que marcar al menos un gol, que debían hacerlo por los ingleses que habían ido hasta Estambul a verlos. Y que después de marcarlo, que entonces ya empezarían a pensar en la remontada. Porque si el Milan había tenido tiempo de meter tres goles en 45 minutos lo mismo podían hacer ellos, ya que aún quedaban precisamente 45 minutos por delante. Como verán es lo más parecido a lo que uno espera que le digan en el gimnasio cuando se acerca el verano. Le sobran a usted 10 kilos, pero de momento vamos a perder uno y luego ya pensaremos en el resto. Porque si ha ganado los 10 kilos, puede también perderlos de igual modo. Algo así.

Pero esta aplastante lógica es una especie de ejercicio ciego. Porque si el Milan metió tres goles en 45 minutos, podría perfectamente meter otros tres en los 45 siguientes. Por no hablar de kilos. Pero debe de tener Benítez algún poder hipnótico. O cegador. No sé.