28.7.06

El arte y los soldadores

Hace unas semanas, por los polígonos industriales de los alrededores de Madrid, se podía ver a una cuadrilla de policías rascando el suelo con un detector de metales. No perseguían un arsenal de armas de capos colombianos. Buscaban una escultura de acero. 38 toneladas de escultura que le había desaparecido al Museo Reina Sofía. 38 toneladas de Richard Serra. Pero no ha aparecido.

No pasa nada, dice Serra, ya la hago otra vez. Y en eso ha quedado la cosa, en que va a volver a fundir las 38 toneladas de acero. Los robos de obras de arte no los solucionan ya los detectives, sino los soldadores alemanes. Así que los policías, que habían dicho que no querían rendirse, regresarán a sus oficinas después de este extraño momento histórico en el que un artista, precisamente un artista, ha escogido la vía rápida de la fuerza bruta en lugar de la del ingenio. También recibe un duro golpe otro colectivo no menos esforzado. ¿Qué gracia puede tener a partir de ahora robar en un museo (o en el almacén de un museo)? Desde que Serra dijo eso de no pasa nada, ya la hago otra vez, la escultura auténtica no es la desaparecida, la verdadera escultura es en estos momentos un fantasma de 38 toneladas que sólo existe en su mente. Hasta que la vuelva a terminar y el fantasma traspase entonces de nuevo el limbo que separa la mente del artista de lo que quiera que sea el resto. ¿Qué museo necesitará alarmas cuando el artista es capaz de llevar y traer sus obras a uno y otro lado del limbo? Ahora fantasma, ahora colgado en la pared. Y así. Los ladrones tendrán que pasarse al secuestro si quieren estar seguros de que se llevan el arte a casa. Es posible, incluso, que, ya en casa, se vean obligados a aplicarse a la tortura, para convencer al genio. Ahora fantasma, ¡vale vale vale!, ahora no.

Mientras esto sucede y cambia el rumbo de la historia del arte y sus ladrones, pedacitos de arte pueden sostener, convertidos en cables, algún edificio en construcción. Si Serra ha olvidado decidir lo contrario, serán, gracias al robo, verdadero arte secreto.

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