20.10.06

Alan el cartero

Alan Gagne, cartero, 54 años, no llega el viernes pasado a su trabajo en Boston. Su jefe, preocupado (o cabreado, quizá), decide acercarse a su casa a ver qué sucede. Lo encuentra muerto. The New York Times cuenta esta historia, de la que desaparece inmediatamente el cadáver, despachado con un “murió por causas naturales”. Su muerte ha destapado otras ausencias: Alan guardaba en su casa cientos de cartas que no había entregado. Cajones y armarios repletos de correo dirigido a sus vecinos, porque a Alan le tocaba repartir en su propio barrio, un lugar con árboles y carricoches. Todos los sobres seguían cerrados.

No consigo decidir si resulta más enigmático que guardara todas aquellas cartas o que a todos sus vecinos les sorprendiera que lo había hecho. Se ve que nadie nunca había echado nada de menos, y eso que en los armarios de Alan dormían algunos sobres enviados en los 80. Pero hablan los vecinos y lo que dicen es que su cartero era un tipo muy concienzudo que cuando se iban de vacaciones les dejaba notas fotocopiadas para que revisaran el correo porque podría haber algún problema. Como si intentara que jugaran con él a una especie de búsqueda del tesoro. O dicen que evitaba siempre mirar a los ojos. O que nunca empezaba una conversación, salvo el día que le preguntó a Rebecca Scudiere, estudiante de Medicina, 25 años, si aquella carta que acababa de recoger se la mandaba su novio. Aquel día se atrevió incluso con algo así como un “Te invitaría a salir”. Eso dicen sus vecinos, que recuerdan, además, haberle visto alguna vez en una cafetería o en el supermercado. Un hombre casi invisible este Alan, con capacidad incluso para hacer desaparecer lo que guardaba en casa. O con un don para detectar qué cartas no iba nadie a echar de menos. Hay algún dato más. Se sabe que a la casa en la que vivía, y donde le encontraron muerto, llegó de otro apartamento no muy lejano.

Pero lo más interesante no está en que casi no cambiara de vecindario, sino que creo que se esconde en aquel día de la mudanza. ¿Qué forma elegiría para cruzar entre sus vecinos llevando todas esas cartas? Supongo que un cartero es el único que puede hacer eso, vale, pero piensen entonces en el momento en que Alan vuelve a colocarlo todo en sus cajones y armarios. O en quienes escribieron esas cartas que nadie echó de menos.

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