23.10.06

La habitación de Paul Auster

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

(Comienzo del discurso que pronunció Paul Auster el viernes pasado en Oviedo, cuando recogió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras)

Actualización, 12.23: Aitor Alonso tiene en su blog ¡Esto es Brooklyn! mucha información de otras cosas que hizo y dijo Paul Auster esos días en Oviedo. Y muchos otros días.

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10 comentarios:

  1. Otro que posee obsesiones muy marcadas, y ve las cosas desde un lugar bien distinto... me fascina. Cuando le entiendo, claro.

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  2. A mí me gusta hasta cuando no le entiendo.

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  3. Fue un buen discurso. Si no me dieran grima los tópicos, diría que dejó notar lo que es un "escritor de raza". También a mí el mundo de Auster me resulta a veces ajeno, pero es uno de los grandes.

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  4. Quizá por esa extrañeza, por esas zonas que uno no termina de comprender.

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  5. Yo vi la película "la musica del azar" y me gustó tanto que me leí el libro que me encantó. Es un tío enrevesado pero muy, muy interesante.

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  6. He hecho alguna entrevista a escritores y creo que todos o casi todos me han confesado que escriben porque no pueden evitarlo, que esa tarea a veces les procuce grandes malestares, que sufren mucho buscando la idea o la palabra, pero que están irremediablemente condenados a ello.

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  7. Ya lo decía Capote, ¿no?: el don y el látigo.

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  8. Es cierto que la necesidad de escribir arrastra al escritor, que la búsqueda de la precisión le hace
    sufrir, pero en algunos casos esa exhibición del sufrimiento tiene mucho de pose. ¡Pobre artista
    torturado! Recuerdo una entrevista a cierto escritor (un escritor bueno, que, por cierto, cobra un buen sueldo público a cambio de estar detrás del mostrador de una biblioteca y dedicarse a gruñir y poner mala cara a quien le molesta mientras lee), y este hombre contaba que para él la literatura era un sufrimiento diario, una agonía de la que no podía desentenderse. Y ahí lo veías, agonizando de 10 a 14 y de 16 a 20 en el mostrador de la biblioteca. Siempre que veo al doliente, me dan ganas de decirle 'chico, deja de
    pasarlo tan mal, hazte minero, saltimbanqui o promotor inmobiliario'.

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  9. Gran discurso de un gran escritor.

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  10. ¿Le sucede a alguien más que no sabe explicar por qué le gusta Auster, qué es lo que tiene de bueno?

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