8.3.07

De puño y letra










Ayer, un día después de que García Márquez cumpliera 80 años, Aberron rescataba en Fogonazos esta foto de cómo le dejó el ojo Vargas Llosa con un puñetazo, se ve que por una chica. Hoy El País enseña una cara de Vargas Llosa en la que nada ha tenido que ver García Márquez: le echa la culpa al "sol limeño", que debe de tener un certero uppercut. Con estos literatos perjudicados por golpes diversos, me he acordado de una vieja historia que contaba Norman Mailer en 1963:
Un día, conversando con Callaghan [escritor canadiense], Francis Scott Fitzgerald se refirió a la habilidad de Hemingway como boxeador, de quien dijo que, aunque probablemente no pudiera llegar a ser campeón mundial de peso pesado, estaba sin duda a la altura de Young Stribling, el campeón de peso semipesado. "Oye, Scot -dijo Callaghan-, Ernest es un aficionado. Y yo también. Todo esto es ridículo". No convencido, Fitzgerald pidió que fueran al gimnasio del American Club para ver boxear a Hemingway y a Callaghan. Pero Callaghan ocultaba un pequeño secreto. Hemingway, con diez centímetros más de estatura y casi veinte kilos más de peso que él, "tal vez haya pensado en el boxeo, soñado con el boxeo, quizá se haya reunido con viejos boxeadores y haya pasado largos ratos de ocio en los gimnasios", pero Callaghan "tenía más práctica real con hombres que sabían de boxeo y no se limitaban al simple ejercicio o la mera diversión".
Así fue como una história tarde de junio de 1929, en París, Hemingway y Callaghan disputaron unos asaltos, mientras Fitzgerald cronometraba. El segundo asalto se prolongaba demasiado. Ambos contendientes comenzaban a sentirse cansados y Hemingway bajó la guardia. Callaghan le asestó un buen golpe y Hemingway cayó de espaldas. Un instante después, Fitzgerald exclamaba: "¡Dios mío! ¡Dejé que el asalto durara cuatro miutos!"
-Bravo, Scott -dijo Ernest-. Si querías darte el gusto de verme noqueado en la puta lona, pues dilo. Pero no digas que te equivocaste.